-

Celebrar la Vida

Domingo Montero

La vida hay que celebrarla, mejor aún, hay que concelebrarla. Disfrutarla en todos sus perfiles: como don gratuito y ofrenda responsable.

Celebrar la Vida

Jesús celebraba la vida eucarísticamente, dando gracias por la luz, el color, por las cosas menores (Mt 6, 26-30; 11,25). Y, al mismo tiempo, de una manera oblativa: entregando la suya, e invitándonos a hacer lo mismo en su nombre y a su estilo (1 Cor 11,24).

Celebrar la vida incorporando a la fiesta a toda la creación, como hizo el juglar de Dios, Francisco de Asís, en el Cántico del hermano sol.

La concelebración de la vida significa la no apropiación egoísta de la misma. La no dilapidación consumista. La fiesta de la vida solo será completa si es compartida. Frente a la tentación de vivir desde la clave de la competencia excluyente, del banquete restringido a los poderosos, el Evangelio aporta la sorprendente noticia de que los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos (Mt 20,16). 

La propuesta del Reino de Dios como banquete apunta a esa lectura de la vida como fiesta. Jesús invita a salir a los caminos, con una llamada a participar de la alegría del Padre, sin exclusiones (Mt 22,9-10). Nadie debe ser descartado, ni ignorado. La vida debe vivirse en familia, como una celebración / concelebración. No solo la vida de la fe; toda vida debe ser concelebrada, porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco nadie muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos para el Señor morimos (Rom 14,7-8). Pero bien atentos, porque la fiesta no banaliza la vida. Celebrar la vida significa asumirla en su integralidad, con sus claroscuros, entregándose generosamente a su esclarecimiento. Celebrar la vida es beber juntos del mismo cáliz, recorrer juntos el mismo camino, compartir los servicios humildes y los sentimientos. Es, como exhorta san Pablo: “Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir los unos para con los otros, atraídos más bien por lo humilde”  (Rom 12,15-16). Es convertir la propia existencia en una víctima viva, santa, agradable a Dios (Rom 12, 1). 

Celebrar la vida es iluminarla con la Palabra de Dios: Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 5,19-20; cf. Col 3,16-17)

Desde el inicio Dios constituyó al hombre en liturgo de la creación (Gén 1-2), con la misión de convertir la vida en celebración. Pero el hombre no supo ejercer ese ministerio. Solo con el Nuevo Adán, Cristo, la vida, liberada del pecado, recuperó su tono de fiesta,  y el hombre recuperó su capacidad “sacerdotal”. 

Domingo Montero

Revista Evangelio y Vida
Número 359 (Septiembre/Octubre de 2018)

Otros artículos

DOMINGO XXVI -C-

Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.

DOMINGO XXV -C- (18/09/2022)

Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

DOMINGO XXIV -C-

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra. Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ‘¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido´. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.

DOMINGO XXIII -C- (4/09/2022)

Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: ‘Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar´

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso. Más información Aceptar