Lunes de la V semana de Pascua

04 de mayo de 2026

San José María Rubio, Beato Tomás de Olera

Tiempo Pascual
Primera lectura: Hch 14,5-18.

En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violenciade parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratarlos y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio. Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta: «Levántate, ponte derecho sobre tus pies». El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos». A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo: «Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera por su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia». Con estas palabras, a duras penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.

Palabra de Dios.

Salmo: Sal 115,1-4. 15-16.

R/. No a nosotros, Señor, sino a tu Nombre da la gloria.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu Nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»? R/.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace. Sus ídolos,
en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Benditos sean del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se les ha dado a los hombres. R/.

Evangelio: Jn 14,21-26.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

Palabra del Señor.

Reflexión:

En el momento de la despedida, en torno a la mesa, tres discípulos, Tomás, Felipe y Judas, no el Iscariote, formulan a Jesús tres preguntas que expresaban sus inquietudes y que pueden resultar esclarecedoras para nosotros. Al Tomás, que pregunta por el camino para ir al Padre, le responde que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. A Felipe, que pide que les muestre el rostro del Padre, le responde que él, Jesús, es ese Rostro; y al Judas, que le pregunta por qué se revela solo a ellos y no a todos, le dice que solo desde el amor es posible acogerlo, y quien lo haga será envuelto en el amor del Padre y se convertirá en su morada. Amar es guardar su palabra, que no es lo mismo que amarle solo de palabra.