Miércoles de la XVII semana del tiempo ordinario

29 de julio de 2026

Santos Marta, María y Lázaro

Tiempo ordinario
Primera lectura: Jer 15,10. 16-21.

¡Ay de mí, madre mía, me has engendrado para discutir y pleitear por todo el país! Ni presté ni me han prestado, en cambio, todos me maldicen. Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón, y tu nombre era invocado sobre mí, Señor Dios del universo. No me junté con la gente amiga de la juerga y el disfrute; me forzaste a vivir en soledad, pues me habías llenado de tu ira. ¿Por qué se ha hecho crónica mi llaga, enconada e incurable mi herida? Te has vuelto para mí arroyo engañoso de aguas inconstantes. Entonces respondió el Señor: —Si vuelves, te dejaré volver, y así estarás a mi servicio; si separas la escoria del metal, yo hablaré por tu boca. Ellos volverán a ti, pero tú no vuelvas a ellos. Haré de ti frente al pueblo | muralla de bronce inexpugnable: lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte —oráculo del Señor—. Te libraré de manos de los malvados, te rescataré del puño de los violentos.

Palabra de Dios.

Salmo: Sal 58,2-3. 4. 10-11. 17. 18.

R./ Dios es mi refugio en el peligro.

Líbrame de mi enemigo, Dios mio;
protégeme de mis agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres sanguinarios. R./

Mira que me están acechando,
y me acosa los poderosos:
sin que yo haya pecado ni faltado, Señor. R./

Por ti velo, fortaleza mía,
que mi alcázar es Dios.
Que tu favor se me adelante, Dios mío,
y me haga ver la derrota de mi enemigo. R./

Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana proclamaré tu misericordia,
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el peligro. R./

Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, oh, Diosd, eres mi alcázar,
Dios mío, misericordia mía. R./

Evangelio: Mt 13,44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

Palabra del Señor.

Reflexión:

Estas parábolas hablan no sólo de la calidad del Reino sino de la perspicacia y la radicalidad que demanda su descubrimiento en los hombres. El Reino exige tomar decisiones lúcidas, radicales y con alegría. ¡Qué pocas veces evidenciamos estas actitudes en la vida! ¡Qué raramente damos la impresión de ser afortunados y, sin embargo, lo somos! El reino de Dios es un tesoro y una perla preciosa, que merece apostar decididamente por ellos. ¡Y qué poco lo reflejan nuestros ritmos cansinos y nuestros tonos rutinarios…! Tampoco damos la impresión de ser buscadores de tesoros, sino de consumidores de sucedáneos. Sin embargo, el Reino de Dios es una realidad valiosa, solo apta para buscadores apasionados e inversores arriesgados y audaces. ¡Actuemos como inversores audaces y buscadores intrépidos! ¿Dónde invertimos? ¿Por qué apostamos?...